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COLUMNA | El Marxismo Cultural sí existe

Imagen: Elplanetaweb

Por CCB

Hace ya un tiempo he notado a mucha gente negando la existencia del Marxismo Cultural, en instancias tales como redes sociales y medios de comunicación. Lo que más se reitera es que se trataría de una conspiración inventada por los grupos conservadores, para impedir que la sociedad progrese. Nada más alejado de la realidad.

Dentro de este “negacionismo”, puedo mencionar la reciente columna de Gonzalo Baeza, publicada en el diario La Segunda. A mi juicio, ésta carece de fundamentos al afirmar que el marxismo cultural “es un fantasma porque, en realidad, no existe”.

En efecto, señala que el Marxismo Cultural no existe porque “es difícil ver el concepto en un diario o discutido en un espacio académico” y porque este “es más bien un asunto de grupúsculos políticos y foros como Twitter”.

Es evidente que nadie ha adoptado jamás el título de “marxista cultural”. Ningún teórico marxista diría: “aquí estoy, yo creé el Marxismo Cultural”. Lo que ha habido son numerosos pensadores y filósofos que han ido dando forma, a lo largo del Siglo XX a lo que hoy llamamos “Marxismo Cultural”.

En la primera mitad del siglo XX muchos marxistas vieron cómo las masas no se levantaban en revolución por toda Europa, sino que se alistaron en sus respectivos ejércitos, para pelear por sus naciones en lo que fue la I Guerra Mundial.

Uno de los iniciadores de este “Marxismo Cultural” fue György Lukács, filosófo marxista de origen húngaro, quien, en la búsqueda de la causa del fracaso de la revolución marxista, estaba obsesionado con la idea de “¿Quién nos salvará de la civilización Occidental?”, pues había llegado a la conclusión de que este fue el motivo por el cual la revolución no fue posible. Lukács fue Comisario de la Cultura en Hungría, durante la dictadura de Bela Kun (1918-19), donde lanzó el programa experimental llamado Terrorismo cultural, consistente en conferencias sobre sexo y distribuyendo literatura que instruía gráficamente a la juventud en las relaciones sexuales promiscuas y la naturaleza irracional y opresora de la familia tradicional y patriarcal, de la monogamia y de la religión. Debe mencionarse también que fue uno de los iniciadores de la Escuela de Frankfurt.

Para qué mencionar a Gramsci, según el cual, los obreros no se levantaron en revolución por estar empapados de la cultura tradicional occidental en todas sus manifestaciones. Consideraba que la única forma en que los comunistas podrían hacerse del poder sería librando un combate cultural, infiltrándose en la cultura, la Iglesia, la comunidad educativa, medios de comunicación, la literatura, el arte y todos los elementos de la superestructura social occidental, para, lentamente transformar sus instituciones y ridiculizar sus tradiciones, transformándolas desde el interior y destruirlas, y así, posteriormente, obtener la hegemonía cultural y formar una sociedad acorde con sus deseos.

El principal método sería la manipulación del lenguaje, alterando el sentido de las palabras, copando y saturando los espacios hasta generar un cambio de actitud en la gente. Según esta lógica, al intervenir en los valores se afecta el pensamiento.

Ni hablar otro exponente de Frankfurt, como Herbert Marcuse, con “Eros y Civilización” y “Tolerancia Represiva”, del que surge el concepto llamado Tolerancia Liberadora (determinante para configurar la actual Corrección Política) que puede resumirse en que se debe ser intolerante con ideas de derecha, a la vez de exigir tolerancia hacia las ideas de izquierda.

Irrelevantes serían Erich Fromm, quien dijo que el género es un constructo social y Theodor Adorno quien, junto con Fromm, Marcuse y Horkheimmer, entre otros, elaboraron la “Teoría Critica”, que consiste en atacar sistemáticamente a todos los valores y pilares de occidente, con el fin de destruirlos.

Falta espacio para hablar de Focault, De Beauvoir, Firestone, Judith Butler, Kate Millet, Beatriz Preciado, Derridá, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y muchos otros autores posteriores, quienes contribuyeron desarrollando y profundizando las ideas iniciales y creando nuevos conceptos.

La existencia del Marxismo Cultural no se debe a una falta de teorías económicas de la izquierda, sino a la utilización de grupos o minorías, a las que llaman “oprimidas”, para convertirlos en banderas de lucha y generar el conflicto: feministas, grupos LGBT, migrantes, minorías raciales, etc.

La derecha, acomplejada, ignorante y víctima de este trasbordo ideológico inadvertido, ha sido incapaz de levantar un contradiscurso, debido a una carencia de formación fuera de lo económico y a la falta de entereza y solidez para defender sus ideas frente a los paradigmas culturales de una nueva izquierda que aún no logra comprender del todo.