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COLUMNA | Polonia. La retroexcavadora económica contra el socialismo

Imagen: colegio-inmaculada.es

Publicada originalmente en El Pingüino el día 10 de febrero de 2019

Por Andrés Barrientos Cárdenas*

Dada nuestra naturaleza geográfica e idiosincrasia de carácter “chilenocentrista”, en palabras del profesor José Rodríguez Elizondo, poco sabemos sobre fenómenos y transformaciones económicas exitosas que ocurrieron o están llevándose a cabo en el mundo, más allá de las grandes potencias como Estados Unidos, China, Gran Bretaña o la misma Unión Europea. Un símil necesario para re valorar los aspectos esenciales de la economía chilena viendo lo que ha sido la experiencia polaca.

Polonia fue uno de los países europeos que más sufrió las consecuencias de la guerra, por una parte la muerte de más de 3.5 millones de soldados caídos o desaparecidos y civiles acciones de guerra (W. van Mourik, 1978) y por otro lado ser sometidos a más de 40 años de regímenes comunistas condenaron a su población a la pobreza por décadas.

Ante la caída inminente de la Unión Soviética, en 1989 se presentó el Plan Balcerowicz liderado por el economista Leszek Balcerowicz, Ministro de Finanzas de Polonia (1989-1991) el cual tenía por objeto barrer con las políticas de orden socialista, para pasar a ser el primer país en abandonar estas políticas incorporando al proceso reformas hacia una economía de mercado mediante liberalización de precios, privatizaciones, restricciones a la impresión de dinero, entre otros.

Profundizando los tipos de reformas realizadas en Polonia, algo similar a lo realizado en Chile a partir de 1975, se aprobaron una serie de leyes para cambiar el rumbo de la economía. Por ejemplo, se avanzó en una ley de economía financiera en las empresas estatales en la que se permitió que puedan declararse en bancarrota para asumir su condición real. Respecto a la Banca se prohibió el financiamiento del déficit presupuestario estatal por parte del Banco Central prohibiendo además emisión monetaria.

Complementario a lo anterior se cortaron los créditos especiales a las empresas públicas vinculando las tasas de interés con la inflación y una simplificación tributaria, entre otras flexibilidades al mercado laboral y aduanero. Posteriormente incorporado además el sistema de capitalización individual chileno como un pilar más dentro de su economía.

Los más de 26 años de crecimiento económico ininterrumpido con tasas de 4,6 % y un desempleo de solo el 6% han calificado este proceso como el “milagro polaco”, que en resumidas cuentas no ha sido más que aplicar políticas económicas que involucran fortalecimiento de la empresa privada y creación de riqueza, así como también retroceso del poder del Estado en la economía frente a la creatividad humana.

De esta forma el economista Balcerowicz, que ya ha sido galardonado con más de 22 doctorados honoris causa en el mundo, resumió su pensamiento político – económico en una entrevista para XX issue of Liberté!: “Si tuviera que contener todas mis creencias en un solo lema, sugeriría: el intervencionismo del estado es inmoral e ineficaz; Se cree que el mercado libre y la sociedad civil que funcionan en el marco del concepto del estado como un estado de derecho son una solución mucho mejor”. (Liberté, 2015).

Sumado a que Polonia tiene una cultura moral cristiana fuertísima y un sentimiento anticomunista profundo -debido a la opresión de la dictadura soviética-, se dieron en la elección 2015 resultados positivos a la derecha local, conservadores y liberales de los partidos Ley y Justicia (PiS) y Plataforma Cívica (PO) sumaron más del 62 % de los votos, haciendo desaparecer prácticamente las fuerzas de izquierda en el parlamento (El País, 2015).

Los desafíos de Chile, hoy pasan por mirar, estudiar reformas que vayan más allá de los ajustes de perillas necesarios –think outside the box-. Está probado, en diferentes países e inclusive el nuestro que reformas bien estructuradas con voluntad y convencimiento, que involucren educación, conocimiento y difusión sobre temáticas que amplíen la libertad de las personas, pueden lograr que Chile cambie el rumbo y tome una senda correcta para retomar la senda al desarrollo integral, con un crecimiento y desarrollo explosivo complementado a una disminución del gasto público ¿las fuerzas políticas actuales darán el ancho? La batalla cultural continúa.

*Andrés Barrientos Cárdenas es Director Ejecutivo de la Fundación Ciudadano Austral