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COLUMNA | Respuesta a la columna “Giro hacia el ecofeminismo” publicada en La Segunda

Imagen: WordPress

Por Bastián Gajardo*

Esta columna es una respuesta a la columna “Giro hacia el ecofeminismo” de Violeta Rabí, investigadora de Espacio Público; publicada en La Segunda el viernes 1 de febrero de 2019.

Comenzaré respondiendo las preguntas que hace la columnista Violeta Rabí en su análisis, sin perjuicio de que están restringidas a ser respondidas por hombres, ya que según ella representamos el patriarcado y la opresión, y toda la maquinaria ideológica que existe detrás de estos conceptos creados y que en la realidad no tienen ninguna base científica.

En cuanto a “¿Cómo afecta la contaminación a las mujeres?” primero debemos señalar que la contaminación afecta a hombres, mujeres, ancianos y niños, siendo estos últimos los que experimentan los principales problemas de salud debido a partículas contaminantes que atacan los pulmones, provocando asma y neumonía. Por otro lado, no cabe duda que el cuidado del medio ambiente y la ecología es una tarea de todos y no solo reservado a las féminas, por eso no podemos dejar pasar a personajes como Al Gore, Jacques Cousteau o la misma Wangari Maathai que señala: “Ser ecologista en el primer mundo es relativamente fácil. Prueba a serlo en Kenia como mujer”. Pues sabemos que las feministas existen -y se han radicalizado en el siglo XXI en Occidente- y que no es casualidad que se manifiestan mayoritariamente en países Occidentales, donde existen libertades garantizadas, y un sistema de vida que permite dedicar tiempo a pensar.

Es complejo pasar de las palabras a la acción, considerando además algunos aspectos de la verborrea ideológica que está inundando al feminismo. Es por esto que tenemos a la misma Maathai que planto más de un millón de árboles con el fin de detener la desertización en África, y en su contraparte a Vandana Shiva que básicamente escribe sobre estos temas siendo el colchón ideológico del movimiento pero no aportando nada en la práctica, ofreciendo frases como: “La naturaleza fue reemplazada por el patriarcado, y las mujeres, parte de la naturaleza, se encuentran subordinadas frente al hombre y a la producción”, como si las mujeres no se dedicaran a invertir su tiempo y sus ahorros en la explotación de la tierra.

Es más, según el informe final del estudio encargado por la Oficina de Estudios y Políticas Agropecuarias (ODEPA), un tercio de las explotaciones están a cargo de mujeres, y existe una creciente feminización en las decisiones que se toman al momento de explotar recursos naturales, siendo aproximadamente 80.000 mujeres jefas de explotaciones. La gran sorpresa está en la mediana agricultura donde son mayoría las mujeres, siendo 6.150, en vez de los 6.062 hombres en términos pecuniarios de producción medidos en UF, siendo también mayor su participación en términos de activos y empleos.

En cuanto a la degradación ecológica, la respuesta se encuentra en el párrafo anterior, esta se produce tanto por hombres y mujeres, y no existe un patriarcado dominante -concepto anticientífico e ideológico-, pues si bien existen áreas en que los hombres tiene predominación, la mujer se ha ido integrando gradualmente en este sistema de libertades, es por esto que la pregunta debería ser: ¿cómo la sociedad debería detener la degradación ecológica? Y no asignarlo a priori a un solo grupo.

La última pregunta señala cómo deben movilizarse las mujeres, lo cual es perfecto y totalmente factible, pues están en toda su libertad de que así sea y está garantizado por nuestra Constitución de la República. Ahora bien, si siguen insertando sus planteamientos con base ideológica de carácter Marxista, para poner nuevos sujetos de revolución, poniendo en pugna ideológica al hombre y la mujer (que son de naturaleza complementaria), que quiera visibilizar y culpar al hombre como el único explotador de recursos no enfocando el problema principal que es la degradación ecológica solo lograrán llenar de reglamentaciones y leyes que coarten las libertades sin resultados favorables para el medio ambiente.

*Bastián Gajardo es investigador de la fundación Ciudadano Austral